Experiencia directa con nuestro nieto

Escrito por Franco Voli. Publicado en Abuelos.

Experiencia directa con nuestro nieto

Mi mujer y yo, tuvimos la ocasión de aplicar los nuevos conocimientos aprendidos a nuestras relaciones con nuestro nieto Marco de siete años, cuando vino a estar con nosotros durante tres meses sin la presencia de sus padres.

Fuimos directamente testigos de la mejora de su comportamiento y de sus actitudes a lo largo de su estancia con nosotros.

Esta vez, habíamos hecho bien los deberes, habíamos estudiado el tema y, además, lo habíamos discutido entre nosotros, con otros abuelos y con expertos. Estábamos muy ilusionados, motivados y también algo preocupados por la visita de nuestro único nieto y quisimos hacerlo de la mejor forma.

Los padres del niño nos habían avisado de que era muy caprichoso y que debíamos esperar rabietas frecuentes, cuando no hiciéramos lo que él quería. Ya a su llegada, le dijimos que queríamos pasarlo bien y que el tiempo que íbamos a pasar juntos, fuera lo más placentero posible para todos y, por lo tanto, también para él.

Ya desde el principio, le invitamos a poner junto a nosotros las bases de cómo queríamos que fuera nuestra convivencia. Cada uno hizo unas sugerencias, y las pusimos en un papelógrafo que colgamos en la cocina. Marco participó en la defi nición de unas cuantas de estas sugerencias, basándose, sin darse cuenta, en las relaciones que había tenido consus propios padres. En efecto, propuso casi el 50 por ciento de los puntos. Los tres nos comprometimos a respetar en nuestras relaciones mutuas, lo que habíamos propuesto. Aceptamos los límites correspondientes y las consecuencias de no respetarlos. Acordamos también que si nos dábamos cuenta que queríamos cambiar algún punto, podíamos pedir una revisión y discutirla.

A lo largo de su estancia, el niño aprendió que había otras formas más placenteras de compartir, de cenar, de salir a pasear, de conversar sobre temas que le interesaban, etc. Se dio cuenta de que algunas cosas, como la rutina diaria, pueden ser más agradables e interesantes, si se miran desde el punto de vista del acuerdo mutuo en lugar de la obligación y de la rebelión como elementos principales de relación.

Aprendió desde la actuación práctica que él podía ser la causa de su vida, y no sólo el efecto de las circunstancias y de los demás.

Nuestra presencia y apertura a pasarlo bien juntos le sirvió, ya desde el principio, para agrandar su horizonte, enseñándole que existen otras personas adultas signifi cativas además de los padres y profesores, y que también existen formas y perspectivas más agradables y motivadoras de crear y acatar disciplina, diversión y conocimientos. Descubrió que había cosas que le podían ayudar en defi nir su comportamiento y sus relaciones con el objetivo de sentirse bien y cómodo con quién y como era.

A raíz de esta experiencia, la autoestima del niño se afirmó en su forma de verse a sí mismo, y, a su vuelta a Estados Unidos y a la casa de sus padres, les dejó sorprendidos por la rápida madurez que había alcanzado en esos tres meses. También sus profesores en el colegio lo notaron, hasta el punto de pasarle a un nivel superior.

A raíz de esta experiencia, nos sentimos satisfechos por los resultados conseguidos y nos aprendimos y motivamos a utilizar el diálogo, la búsqueda de soluciones, la planifi cación de comportamientos mutuos y otros de los conceptos del abuelo contento y fantástico en nuestras otras relaciones de todos los días, incluyendo, en primer lugar, en la forma como nos relacionábamos y comunicábamos entre nosotros.

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