Todos tenemos el derecho a sentirnos mejor

Escrito por Franco Voli. Publicado en Sentirnos bien.

Hace 25 años, cuando cumplí los 60, escribí un inventario sobre lo que había conseguido en mi vida hasta la fecha.

Leyendo lo que había escrito, descubrí que tenía conocimientos, título universitario, un buen empleo, una mujer muy especial, tres hijos magníficos y una bonita casa. Sin embargo, no estaba contento. Pensaba que había muchas cosas que no funcionaban en mis relaciones familiares, sociales y de trabajo y me di cuenta de que tenía un concepto de mí mismo que no me satisfacía.

No tardé en tomar la decisión de que, pasara lo que pasara, iba a explorar posibilidades y alternativas que me permitieran sentirme mejor conmigo mismo y con los demás.

Como primer paso me inscribí en un curso de La Universidad de la Felicidad en Oregón, EEUU. Allí se me abrieron unos nuevos horizontes sobre cómo podía ser mi vida en adelante. Aprendí lo mucho que podía hacer para sentirme más a gusto con mi vida personal, social y también profesional. Aprendí que seamos lo que seamos y hagamos lo que hagamos todas las personas tenemos el derecho a sentirnos bien y la posibilidad de cambiar lo que no funciona en nuestras vidas para hacerlo posible.

Durante el curso me comprometí a fondo a mejorar mi propia autoestima desde la perspectiva de que, como persona, yo tenía el derecho a sentirme bien y que los demás lo tenían también. Comprobé que colaborando en grupo podíamos ayudarnos mutuamente a hacerlo realidad.

El estar más contento me permitió abrirme a explorar nuevos caminos para aprender a sentirme mejor de forma continua. Recuerdo una frase que me ayudó mucho en tomar mis decisiones y en asumir mi propia responsabilidad para cambiar lo que no me gustaba: Si piensas que puedes, puedes. Si piensas que no puedes, tienes razón ya que no haces nada para conseguirlo. Me di cuenta de que esto era lo que me pasaba cuando pensaba que ser feliz era demasiado difícil.

Me dí cuenta de que una forma de facilitarme la tarea consistía en fijarme en pequeños detalles de todos los días que podía cambiar si veía que no me servían para ser más feliz. Poco a poco fui descubriendo como estos cambios, aunque podían parecer sin gran importancia, me permitían modificar hábitos y costumbres adquiridos en el pasado y que interferían en que me sintiera realmente a gusto con mi propia realidad. Comprobé los beneficios de ayudar, perdonar y agradecer. Aprendí la alegría de querer, reír, bailar y cantar.

Basado en mis propias experiencias y en los testimonios y sugerencias de otras personas que compartían mis ideas al respecto y que las aplicaron a sus propias vidas, me motivé a escribir un nuevo libro de auto-ayuda: El Derecho A Sentirse Bien, que complementé más adelante con un libro de bolsillo Bocaditos de sabiduría para sentirnos bien con 200 posibilidades de disfrutar haciendo algo para nosotros mismos y para los demás para ser más felices en nuestra vida diaria.

Volviendo a hacer el inventario, ya a mis 85 años, me encantó darme cuenta del cambio que he llevado a cabo en mi vida desde las reflexiones que hice en el anterior inventario de mi 60 cumpleaños. Me siento mucho más a gusto yo mismo y, además, me encanta haber podido contribuir con varios de mis libros al bienestar de unas cuantas personas más.

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